Los cinco fundadores de Podemos, Irrumpieron en el 15M y encontraron su meteórica oportunidad gracias a un empresario de los Medios que puso a su servicio todo un canal de Televisión, La Sexta, para ayudarles a asaltar los cielos. Casi, casi. Lo rozaron con sus 5 diputados europeos, en 2014, y después con 71 en el Congreso en 2015. Pero ellos querían más. Pablo Iglesias, arrogante y temerario, sucumbió a las nostalgias de un tal Anguita, su mentor, que vio la oportunidad de reactivar la pinza del rencor que tuvo contra Felipe en 1996 y por otro lado, aceptó el protectorado del tal Roures de La Sexta, que reactivó las viejas rencillas que en su día tuvo con Zapatero. Cinco años más tarde, ninguno de los cinco fundadores queda al lado de su líder, Pablo Iglesias. Se les rompió el amor y han dejado a su líder sólo y de baja paternal. Extraña forma de regenerar la política.
Vinieron a regenerar la democracia y a enseñar a los de siempre una nueva forma de hacer política más fresca y moderna. Se besaban, llevaban sus bebés al escaño del Congreso, cantaban L´estaca, de Lluis Llach. Eran jóvenes, entre treinta y treinta y ocho años, ambiciosos, profesores de universidad y comunistas. Pero para ellos, ante todo, eran amigos y colegas, casi todos de la Complutense, y además tenían un común denominador, al menos los cabecillas, habían sido ilustres huéspedes del Palacio de Miraflores, de Hugo Chavez. El jefe indiscutible era Pablo Iglesias, y sus colegas fundadores de Podemos, Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón, Carolina Bescansa, Luis Alegre y Tanía González.
Roures y La Sexta les propulsaron a la fama de forma vertiginosa, pero por el camino se les fueron resquebrajando los afectos. Ninguno de ellos está ya con con su líder. Como tampoco están los dirigentes del segundo círculo mas allegado, Teresa Rodríguez, Dante Fachín, Xavier Domenech… y el último en irse esta misma semana, Ramón Espinar. Y todo esto le llega al otrora amado líder mientras se encuentra en su casa disfrutando de sus hijos gemelos con la baja paternal.
En aquel entonces, 2014, La Sexta era la cadena de moda, y Ferreras, el Intermedio o la Sexta Noche eran la biblia de los progres fáciles de convertir. Incluso había mucho pudor en defender al Psoe porque se pensaba que el socialismo era ya algo del siglo pasado, hasta se llegó a acuñar aquello de PP y Psoe la misma porquería son, o ese otro mantra contra el viejo Régimen del 78, como si en lugar de haber sido la gran primavera de la Democracia, hubiera sido un oscuro rincón del franquismo. Estos jóvenes, aunque viejos, comunistas, que los fines de semana se vestían de socialdemócratas, entre semana de bolivarianos y en fiestas de guardar de kirchneristas, lanzaban hermosas proclamas que inmediatamente eran tragadas por esa progresía vanguardista que ante todo, lo que quiere era estar siempre a la última. También en ideología política.
Nada de todo esto hubiera sido posible si estos jóvenes politólogos no se hubieran cruzado con esos dos personajes emblemáticos que hemos mencionado. Uno, el capo de Medios de Comunicación, Jaume Roures, que creó al líder, Pablo Iglesias. Roures odiaba tanto a los socialistas porque en 2005 Zapatero dejó caer su imperio mediático (Público y La Sexta) en favor del siempre amigo socialista Grupo Prisa (en aquel entonces). Con Pablo, que tenía una ferviente oratoria revolucionaria y venía pegando fuerte en su cadena, vio la oportunidad de ejecutar su venganza. El chico de la coleta, que siempre presumía de sus matrículas y sobresalientes en la carrera, con su fuerza revolucionaria y arrogante demagogia, incluido su temerario populismo chavista, pisaba fuerte e iba ganando adeptos de forma viral. El otro personaje, el mentor comunista Julio Anguita. El autor de la pinza con Aznar, en 1996, volvía a tener una segunda oportunidad y estaba dispuesto a aprovecharla.
Tras las movilizaciones del 15M, Roures les animó a crear el partido político Podemos, y así lo registraron en marzo de 2014. Unos meses después se presentaban a las elecciones europeas e irrumpieron con cinco escaños. Todo un hito para un partido que apenas tenía unos meses de vida. Y cúal no seria mi estupor al comprobar que al menos un veinte por ciento de mis mejores amistades progresistas, “caían subyugadas a las proclamas y los encantos de la estrella política de moda”. En ningún momento se les ocurrió pinchar en Internet y reproducir las decenas de videos de Iglesias, Errejon, Monedero y otros, embelesados de amor y pleitesía hasta babosa, por el comandante Chavez. Llegando incluso a asegurar que tenían envidia de que en “España ojalá hubiera la democracia que existía en Venezuela”. Una visión muy condicionada, posiblemente, bajo el efluvio de los dólares en sus cuentas bancarias, se supone, y la buena vida caraqueña, imagino.
Tras estas campañas electorales regaladas por La Sexta, Iglesias ya acariciaba con sus dedos la gloria y quería “asaltar el cielo”. No se conformaba con menos. Para él la socialdemocracia era él mismo y su particular manera de interpretarla y el partido socialista era un nido de herederos del franquismo obsoletos de los que había que salvar a España.
Ese veinte por ciento de progresistas a la última moda, que se tragaron que el socialismo del Psoe y de IU, estaba ya obsoleto como ideología, siguieron encandilados e ignorando las más que claras señales de populismo “souflé” de esta amalgama de corrientes oportunistas. Y tras diciembre de 2015, las elecciones generales, los 71 diputados y toda la prensa española hablando del posible sorpasso, La Sexta, volvió a la carga con sus ocho machaconas horas diarias de manipulación política y debates, y dobló la apuesta para Podemos. Entonces, resurgió con fuerza renovada la pinza anguitiana del rencor. Como es obvio, a la derecha le venía de cine este nuevo mesías -que recordaba tanto al Anguita de 1996- devorando a la izquierda. Así que, con un poco de suerte les iba a servir otra vez el Gobierno de España en bandeja.
Y así fue como Julio Anguita remató su faena. Y así fue como Iglesias quiso ser vicepresidente de todo, o nada. Y así fue como gobernó Rajoy a cuestas con toda la corrupción del PP durante seis años más. Y así fue como Pedro Sánchez, volvió a tomar los mandos del Psoe, y en un alarde de visión y audacia, se convirtió en Presidente del Gobierno. Y ahora, eso de síentate y ve el cadáver de tu enemigo pasar, le gusta tanto al Psoe actual como comer estiércol y beber agua sucia. Ahora, lo que pretende el Psoe de Sánchez, asentado en un pool de veteranos políticos de larga trayectoria y compromiso a prueba de balas, como Ábalos, Calvo, Narbona, Borrell, entre otros, sólidos y veteranos socialistas que ya han cumplido los sesenta años, tan genuinos que nunca dejan de estar de moda, es ayudar a que Podemos vuelva a levantarse de sus cenizas y ayudar a unir, por fin, a las izquierdas.